Monday, June 19, 2006

Uno

Desocupado (y muy probablemente imaginario) lector,
Este es el primer episodio de una serie de escritos en los cuales quiero cristalizar algunas cosas que he aprendido sobre la vida. Y no te dejes llevar por el nombre narcisista de mi blog, no es tanto mi idea la de enseñar o dictar cátedra, sino la de compartir contigo algunas de las cosas que han plagado mi mente desde hace algunos años. Quiero darte el regalo de entrar por un camino que, una vez emprendido, cambiara la forma como ves a las demás personas, la forma como te ves a ti mismo. Eso me paso a mí, y te digo, muchas han sido las veces donde me he preguntado si todo esto vale la pena. Ya sabes, la ignorancia es una bendición, y no dejo de encontrar la ironía en que mientras me puse a escribir esto, cruzando los canales de televisión en busca de una "bulla blanca," me tope con la primera parte de “The Matrix”. En fin, lo que trato de decir, es que si no estas listo para emprender una aventura de descubrimiento, no leas mas!
OK, seguiste leyendo. Entonces empecemos por el principio. Como toda buena historia, la mía tiene como motivo generador... adivinaste? una mujer. La idea no ha de ser muy foránea: chico joven e inocente conoce chica; chico se enamora perdidamente de chica; chica no corresponde con chico y procede a decirle que lo quiere mucho... como amigo; chico se deprime, y en cuestión de tiempo se olvida de esta chica, pero potencialmente en breve tiempo puede conocer a otra chica y repetir el proceso. ¿Conoces a alguien así?
Eso me paso hace unos... seis (?) años. Pero cómo habrá sido la caída, que en mi mente, una fría tarde sentado en el parque en Nueva York, llego a mi mente un pensamiento: para cada cosa en la que era bueno, había antes un periodo donde hacia eso hasta las patas, pero de alguna manera me encontré con alguien que me mostró el camino, que "me ilumino" y me enseñó un nuevo arte, una habilidad. Y entonces llego a mí esta idea: Si la mayoría de las cosas que hacemos consisten en una habilidad o una serie de habilidades, ¿por qué dejar que en la parte afectiva, el destino tenga total y absoluto control sobre nosotros? ¿Qué es lo sacrílego de querer tomar las riendas de nuestra propia vida, de poder conocer a la persona que queremos y enamorarnos de quien nos atrae físicamente? ¿Es acaso nuestro sumiso destino el estar condenados a ser felices con lo primero que se cruza en nuestro camino?
Sentí en ese momento una fuerza que recorría mis venas. Llevando mi mano hacia mi mentón sentí la barba de alguien que ha sufrido innecesariamente. En ese momento recordé todos los consejos que me dieron mis amigos hombres, que eran escasos e incoherentes... los de mis amigas mujeres, que probablemente hicieron mas mal que bien a la hora de ponerlos en practica... hasta los consejos de mi madre fueron cuestionados, en vista de que ser "un caballero respetuoso" no me había sido muy útil cuando el AMOR DE MI VIDA me dijo que no quería que la busque mas. Y como si un rayo me hubiese golpeado, me levante de golpe de la banca, mire hacia el horizonte cubierto de rascacielos y árboles del parque, y salí corriendo dispuesto a encontrar la verdad.
Y fue ahí que empezó mi búsqueda, en la librería de Broadway con la calle 66. No recuerdo cuanto dinero traía conmigo, pero recuerdo que, descontando lo que iba a necesitar para comer, el resto lo gaste en libros de relaciones, parejas, todo eso. Y ávidamente fue que devoré tales clásicos como "Los hombres son de Marte...," incluso ese libro para mujeres "The rules" (imagínense cuan ávido era que me sople el librito de mierda en afán de comprender como piensan las mujeres). Pero había algo en esos libros, algo que no me cuadraba: rumiaban, en fin, cosas nada reveladoras, como las que de alguna manera yo "conocía" (y que no me ayudaron). Fue luego de un tiempo cuando encontré un sitio en Internet, como un rayo de luz. Las cosas que decía no tenían sentido la primera vez que las leí, parecían las fantasías de un grupo de locos que viven en una realidad diferente. Pero había algo en esas escrituras que me decía interiormente que ese era el camino que debía seguir. Y fue ahí que empezó una marcha sin retorno. Todo puente con la antigua realidad fue quemado: ahora solo se podía triunfar o perecer en el intento.
Qué encontré y como ocurrió el cambio, y las revelaciones que tuve... serán el tema de otro episodio.
E.M.

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